Retrato de una víctima de las pandillas juveniles

Un fin de semana como cualquier otro, sábado seis de octubre de 2007; para Julio Cesar Escobar Tebalán, trascurriría un día ameno para pasarla bien; estudiaba segundo básico en el colegio “Santa María” de Quetzaltenango y a sus 16 años parecía tener más libertad que cualquier otro joven de su edad.

Esa tarde salió de su casa, luego de recibir una llamada de sus amigos, los compañeros de su pandilla; una de las maras más peligrosas que operan en la ciudad.

Su madre Coralia de Escobar, quien se dedica al comercio en el mercado “La Democracia” de la zona tres de la ciudad, desconocía las amistades de su hijo y mucho menos los lugares que éste frecuentaba; y aunque tenía sus dudas, ese fin de semana se daría cuenta que Julio Cesar no andaba en buenos pasos.

Al llegar el domingo siete, entre las ocupaciones de la familia y actividades de la celebración de la Virgen del Rosario, patrona de Quetzaltenango; la familia Escobar Tebalán no se percató de la ausencia de Julio Cesar en la casa.

Mientras transcurría ese día, siendo aproximadamente las ocho de la noche, vecinos que caminaban por la 23 avenida final de la calle “A” de la zona uno, específicamente frente al restaurant “Rincón Nicaragüense” reportaron inmediatamente a la Policía Nacional Civil (PNC), el hallazgo de una cabeza humana. Efectivamente la PNC constató lo acontecido y evidenció que se trataba de un cráneo de una persona de sexo masculino de aproximadamente 20 años; los vecinos de ese lugar aseguraron que esa persona no pertenecía a ese vecindario y que no sabían de quién se trataba. En conjunto con el Ministerio Publico (MP), la PNC inició la investigación pertinente para identificar a la víctima, además de encontrar el cuerpo decapitado.

El tiempo pasaba y ambas instituciones no encontraban respuestas ni soluciones ante tal situación que los dejó perplejos; un nuevo hecho sangriento, que de tal magnitud, no se había reportado en la ciudad de Quetzaltenango.

A eso de las siete de la mañana del lunes ocho de octubre, se recibió el reporte que en la 9a. Avenida y callejón “A” de la zona uno de Quetzaltenango había un cuerpo sin cabeza. Vecinos del lugar dijeron que escucharon gritos y personas que corrían durante la madrugada, pero que nunca se imaginaron que se trataba de la comisión de este horrible crimen.

Miembros de la escena del crimen del MP, examinaron el cuerpo encontrado, se detectaron tatuajes en la espalda y piernas, que lo identifican como integrante de una mara o pandilla juvenil, además llevaba un tatuaje con la forma de un duende, que según el simbolismo de los pandilleros, representa al demonio.

Patrocinio Díaz, auxiliar fiscal del MP, declaró que la relación del cráneo y cuerpo encontrados únicamente se evidenciará luego de la necropsia y que se presumía que el crimen se dio por venganza, ajuste de cuentas, o por una disputa entre pandilleros. Agregó que la única evidencia es la ropa, la que sus victimarios dejaron esparcida en diferentes lugares.

El comisario de la PNC Francisco Cifuentes, dijo que en ese momento no se tenía ninguna denuncia de alguna persona desaparecida por lo que reportaron el cadáver como xx. Las investigaciones de la PNC refieren que cuando ocurren decapitaciones es porque el delincuente ha traicionado al grupo por no compartir algo.

Héctor Cotom, auxiliar de necropsias del Organismo Judicial (OJ), informó que primero ingresó la cabeza y una hora después el cuerpo, el que presentaba una herida corto contundente total, lo que le causó la muerte, además de una hemorragia cerebral y hematomas en cuero cabelludo; según el encargado, es posible que le hayan pegado antes de ocasionarle la muerte y que las heridas las hicieron con arma blanca, probablemente machete. El mismo lunes ocho de octubre, el cadáver permaneció en la morgue del OJ sin ser identificado.

Al correr la noticia en los diferentes medios de comunicación, la familia Escobar Tebalán ya extrañaban la ausencia de Julio Cesar, quien llevaba dos días sin aparecer; la angustiosa búsqueda ya había empezado, primero con familiares y amigos, recibiendo respuestas negativas que desanimaban y que únicamente traían pensamientos y conclusiones dolorosas que presumían lo peor para el joven.

Luego de tantas vueltas, el martes nueve del mes en curso, el recorrido lleva a la familia Escobar al último y menos alentador lugar, la morgue del OJ; en donde al solicitar permiso al encargado e ingresar; la señora Coralia Margarita Tebalán de Escobar, queda impactada y con los ojos humedecidos inmediatamente por las lagrimas, reconoce que es su hijo Julio Cesar quien yace en una de las frías losas de las camas de piedra de la referida morgue.

El cuerpo del joven Julio Cesar Escobar, otra víctima de las pandillas juveniles, fue inhumado el miércoles diez de octubre en el cementerio general de Quetzaltenango, en compañía de familiares y compañeros de grado de su colegio. Investigadores de la División de Investigación Criminal (DINC) evitaron dar detalles del hecho ya que la madre del fallecido aportó datos que pueden dar con los responsables.

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