Desde 1986 cuando inicia el primer gobierno democrático en Guatemala, se piensa en la generación de nuevas ideas y formas de convivencia social con mayor apego a la ley.
Esto da como resultado que los medios de comunicación tengan una apertura diferente para informar y dar a conocer hechos de mayor trascendencia nacional y social, además de proponer una guía a la opinión pública.
El inicio de la democracia en el país complementa la calidad informativa en los medios de comunicación. La necesidad de la población en ser informados y de utilizar cualquier el medio para expresar sus ideas y pensamientos en cuanto a lo que sucede en el país es la fórmula adecuada para fortalecer la democracia.
La intervención de la declaración universal de los derechos humanos y los tratados internacionales fortalecen en gran medida la libertad de expresión. En Guatemala a 22 años de la llegada de la democracia, los medios de comunicación han tratado de conseguir el verdadero camino para manejar mejor la objetividad y hacer ese derecho humano.
El tratadista mexicano Ignacio Burgoa, en su estudio “Las Garantías Individuales” afirmó que: “Un pueblo, integrado por individuos condenados a no manifestar su pensamiento a sus semejantes, será siempre servil y abyecto, incapaz de experimentar ningún proceso cultural. Los regímenes en los que impere la libre emisión de las ideas, la libre discusión y la sana crítica, estarán en condiciones de brindar a la sociedad posibilidades de elevación intelectual; por el contrario, cuando se coarta la manifestación del pensamiento, vedándose las polémicas, conversaciones, los discursos, las conferencias, etc., en los que suele traducirse, se prepara para la sociedad humana el camino de la esclavitud cultural, que trae pareja su ruina moral”.
Es evidente que el pronunciamiento del pensamiento humano es un ingrediente vital para fiscalizar a quienes gobiernan a los países.
Pero el protagonista principal para hacer esa fiscalización es el periodismo, mediante la objetividad y la claridad de sus ideas. Aunque la lucha sea ardua y acompañada de fuerzas enemigas que intentan opacarla, se debe comprender que nunca se debe abandonar la batalla porque el beneficiado será el pueblo de Guatemala; que está ávido de conocer la realidad social de su comunidad y por sobre todas las cosas de expresar sus ideas y pensamientos para fiscalizar la forma en que se administran los recursos nacionales.
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