Algunos trucos de magia ensayados, son suficientes para que muchos niños y adolescentes traten de llamar
la atención de las personas que se detienen con su vehículo cuando el semáforo “marca rojo”.
Basta con caminar en cualquiera de las calles transitadas de Quetzaltenango para observar que en cada esquina, hay niños que prefieren cambiar sus años de “juego” por unos cuantos centavos que les brindan los automovilistas.
El trabajo infantil es palpable. Aunque el convenio 138 de Organización Internacional del Trabajo (OIT), establece que la edad la edad mínima para ingresar a un empleo es de 15 años; al parecer, en Quetzaltenango es inevitable que se respete esa ley.
Asimismo, el convenio 182 de la OIT, tiene como prioridad, encontrar todas las formas posibles para eliminar el trabajo infantil. En ese convenio, se definen cuáles son las peores formas en que los infantes podrían ocuparse en el campo laboral.
Entre ellas destacan: todas las formas de esclavitud, venta y tráfico de niños, servidumbre por deudas, prostitución infantil, pornografía, utilización de niños para el narcotráfico y/o trabajos que dañen su salud.
En un país como Guatemala, en donde la pobreza ha invadido a un promedio del 70 por ciento de su población. Muchas familias tienen que olvidarse de la “escuela” y lanzarse a las calles para conseguir “algo” para sobrevivir.
Por supuesto que los más afectados son los niños o adolescentes, que la mayor parte del tiempo son forzados por sus progenitores a ejercer trabajos o actividades que damnifican su personalidad por la necesidad de conseguir dinero para comer.
El gobierno de Guatemala debe enfrentar ese desafío hasta las últimas instancias, y crear programas que realmente ayuden a esa juventud que necesita apoyo para sobresalir y adoptar una mejor condición de vida.

Fotos: Everson Gramajo
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